Imagina que eres el capitán de un barco pirata o el director de una película de cine súper importante. Tienes que lograr que todo tu equipo trabaje duro para llegar a la meta. Para conseguirlo, tienes dos opciones de estilo de liderazgo:
Opción A: Eres súper estricto, gritas un montón, castigas a todos por el mínimo error y haces que te tengan miedo.
Opción B: Eres amable, escuchas a tu equipo, los apoyas cuando se equivocan y haces que te quieran.
Si tuvieras que elegir, ¿qué crees que funciona mejor? ¿Es mejor que la gente te tenga miedo o que te tenga cariño?
A tu edad, cuando juegas en equipo, haces un trabajo escolar o lideras un grupo de amigos, seguro te has topado con estos dos estilos. Vamos a investigar qué pasa en el cerebro de las personas con cada uno y cuál es el verdadero secreto de los grandes líderes.
El peligro del "Líder Temido" (El efecto tiranosaurio)
A primera vista, dar miedo parece que funciona. Si un niño en el salón es el más ruidoso, amenaza a los demás o se enoja si no se hace lo que él dice, es probable que los demás le hagan caso... pero solo cuando él está mirando.
¿Qué pasa realmente cuando lideras con el miedo?
El equipo se paraliza: Tus amigos tendrán tanto miedo de equivocarse o de que les grites, que dejarán de dar ideas geniales. La creatividad se apaga por completo.
Hacen las cosas por obligación, no por ganas: Nadie dará su 100% en el juego o en la tarea. Solo harán lo mínimo para que no te enojes.
Te quedas solo: El miedo aleja a las personas. En cuanto el "líder temido" comete un error o necesita ayuda, nadie va a querer estar ahí para apoyarlo. ¡Qué triste!
El poder del "Líder Amado" (La fuerza del equipo)
Por otro lado, cuando un líder decide ganarse el cariño y el respeto de su grupo, pasa algo mágico que los científicos llaman cooperación.
¿Qué pasa cuando lideras con el respeto y el cariño?
Todos quieren participar: Tus amigos se sienten seguros. Saben que si proponen una idea loca o si se equivocan metiendo un autogol, tú no los vas a insultar, sino que los vas a animar a seguir adelante.
La energía se multiplica: Un equipo que quiere a su líder trabaja con una sonrisa, juega con más ganas y se esfuerza el doble porque sienten que el proyecto también es suyo.
Lealtad a prueba de todo: Cuando las cosas se pongan difíciles (como perder un partido o sacar una mala nota), un equipo que se quiere se abraza, se apoya y se levanta junto.
El veredicto del Líder: El ingrediente secreto
Entonces, la respuesta es clara: ¡Es muchísimo mejor ser amado y respetado que ser temido!
Sin embargo, los grandes líderes saben que ser "amado" no significa ser un líder débil que deja que todo el mundo haga lo que quiera. Un buen líder combina el cariño con el respeto a las reglas. Puedes ser la persona más buena y divertida del grupo, pero mantenerte firme si alguien le falta el respeto a un compañero o si no cumple con su parte del trabajo.
Tu brújula de líder: La próxima vez que estés al mando de algo, hazte esta pregunta: "¿Mis amigos están haciendo esto porque me respetan y confían en mí, o porque no quieren que me enoje?".
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